domingo, 21 de junio de 2015

NO EXISTE LA SELECCIÓN NATURAL, Sí LA VARIABILIDAD ADAPTATIVA.

Nunca una teoría tan aceptada por el consenso científico ha sido tan inexacta en su denominación y en su formulación, una teoría que nos habla del origen de las especies por “selección natural”. El concepto de “selección natural” es confuso si no falaz; induce a pensar que el mecanismo de evolución reside en un acto de selección, concepto sólo atribuible a un ser consciente y que dicha teoría otorga al medio ambiente en  el que se encuentran las poblaciones de individuos que constituyen la materia viva. Pero pensemos en los hechos que queremos explicar, la existencia de especies y la capacidad de persistencia de la vida, hechos que se encuentran íntimamente relacionados. Lo que corresponde es formular una teoría que explique cómo la vida tiene tal capacidad de persistencia y para ello debemos proponer un mecanismo interno al sistema vivo responsable de dicha propiedad. Parece evidente que dicho mecanismo reside en la capacidad de generar variabilidad fenotípica en forma de especies y, en definitiva, en una tasa de variación genética que se encuentra altamente restringida por las estructuras o soporte en el que se codifica la información, así como por la manera cómo se copia dicha información, que también depende de las propias estructuras moleculares copiadas. Son las características químicas y físicas de las moléculas que constituyen el soporte de la información y la maquinaria de copiado, así como de los sistemas enzimáticos de reparación, las que determinarían el intervalo de tasa de “error” de copiado y de tasa de mutación adecuado. De la naturaleza químico-física de estas estructuras moleculares depende la labilidad de los enlaces que intervienen, la modificación del grado de plegamiento o empaquetamiento del ADN en función del momento celular, que dejará expuestas de forma diferencial determinadas zonas de la cadena de ácido nucleico y, por lo tanto, bajo una diferente tasa de variación. Vemos entonces como la restricción impuesta por la estructura de la materia de la vida modula el azar de la variación por error en la copia y por las mutaciones provocadas por los choques aleatorios con las moléculas del entorno. En última instancia son las propiedades o constantes físicas de la materia, en este caso de la materia orgánica de la vida, las que permiten la modulación de la variabilidad genética que facilita que la variabilidad fenotípica sea viable, es decir que genere poblaciones de individuos persistentes a las que llamamos especies.

Una prueba palmaria la encontramos en las famosas Islas Galápagos que inspiraron a Charles Darwin en su Teoría del Origen de las Especies. Estas son unas islas volcánicas de reciente formación, que fueron colonizadas por diferentes especies continentales, entre las que no se encontraban grandes depredadores, lo que permitió que las que llegaron no estuvieran sometidas a la mal llamada presión “selectiva”, mejor llamada ambiental. El hecho constatado es que se ha podido verificar, de manera única y como si de un laboratorio natural se tratara, la aparición de un gran número de especies nuevas, por encima de lo esperado y con mayor rapidez, es decir que el mecanismo de especiación no es la “presión ambiental” sino la “variación restringida” del propio sistema vivo.




lunes, 5 de enero de 2015

Al monje franciscano Guillermo de Ockham se atribuye el principio filosófico y metodológico que lleva su nombre. Nació en Inglaterra sobre el año 1280 y murió en 1340. Durante su vida estuvo bajo la protección de Luis IV de Baviera. En realidad dicho principio filosófico no es de su cosecha sino que lo rescata de la filosofía griega. Aquí tenemos otra de las numerosas aportaciones del cristianismo medieval al pensamiento precursor de la ciencia occidental. Decía Guillermo: "entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem", "no hay que multiplicar los entes sin necesidad". Debe optarse, por tanto, por la explicación en términos del menor número de causas. En ciencia se utiliza para el desarrollo de modelos teóricos. Entre dos modelos que predicen con similar exactitud los hechos se debe optar por el más sencillo.



Ludovico IV de Baviera.